Con la fuerza suficiente
El Kremlin ha llevado su campaña de interferencia en las elecciones de EE. UU. hasta el final, siguiendo el mismo manual que hemos denunciado repetidamente.
Esta semana, en una sorprendente muestra de negación de la realidad, hemos sido testigos de cómo las fuentes adeptas al Kremlin han desplegado dos narrativas contradictorias sobre la existencia o no de tropas norcoreanas en la región de Kursk. Afirman que para nada las hay y, al mismo tiempo, aseguran que su presencia es una mera invención de Occidente para justificar la intervención de la OTAN.
El martes 5 de noviembre concluyó el ciclo de elecciones presidenciales de EE. UU. con la victoria electoral del candidato republicano Donald J. Trump. Como ya hemos informado con anterioridad, los medios controlados por el Estado ruso y otros agentes de desinformación cercanos al Kremlin intentaron interferir en estos comicios tratando de desplegar su influencia desde varios flancos; una táctica pro-Kremlin sobradamente conocida.
Rechaza la realidad y sustitúyela por la tuya
El equilibrismo mental que ha hecho el Kremlin con Corea del Norte es su respuesta al creciente número de pruebas de varios servicios de inteligencia que confirman que dicho país ha enviado entre 10 000 y 12 000 hombres para apoyar el esfuerzo bélico de Rusia.
Este despliegue de tropas ha sido verificado de manera independiente por el Servicio de Inteligencia Exterior de Ucrania, el Centro de Inteligencia y de Situación de la Unión Europea (INTCEN), el Departamento de Defensa de EE. UU. y el Servicio de Inteligencia Nacional de Corea del Sur. Además, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, había confirmado previamente que algunas fuerzas norcoreanas ya se habían acercado a las fronteras ucranianas.
Estar en misa y repicando
Lo más destacable de este intento de desinformación es que muestra cómo la maquinaria propagandística del Kremlin trata de abarcar dos posturas opuestas.
Por una parte, las fuentes pro-Kremlin niegan que haya tropas norcoreanas y tachan esta información de manipulación por parte de la CIA, y afirman que la presencia de tropas extranjeras no haría sino entorpecer «la maquinaria de combate perfectamente coordinada» de Rusia. Por otra parte y de manera simultánea, imponen una narrativa que asegura que las declaraciones de Occidente sobre el apoyo norcoreano no son más que un intento de justificar a posteriori la presencia de tropas de la OTAN en Ucrania, pese a que no existen tales tropas en el frente.
Esta contradicción pone de manifiesto una característica clave de la guerra informativa rusa: cuando ya es imposible negar la realidad, a menudo lanzan varias narrativas contradictorias, esperando que alguna cale entre su público objetivo.
Sin duda resulta un poco chocante que «la mayor potencia militar del mundo», como acostumbran a denominar hiperbólicamente los medios pro-Kremlin al ejército ruso, necesite implorar ayuda a un paria en la esfera internacional que es además una de las naciones más empobrecidas del planeta. Por tanto, Moscú presenta también una realidad inversa para explicar este contrasentido, afirmando sin más que es Rusia la que está ayudando a la República Popular Democrática de Corea, y no al revés.
Pillados con las manos en la masa
Los medios controlados por el Estado ruso y otros afines al Kremlin han empleado diversos enfoques en su intento de influir en las elecciones presidenciales de EE. UU. de 2024, echando mano de actividades de manipulación de información e injerencia por parte de agentes extranjeros.
Según fuentes oficiales de EE. UU., tales intentos consistieron, por ejemplo, en vídeos falsos que mostraban casos de fraude electoral, avisos de bomba que interrumpieron las votaciones en doce colegios electorales de Georgia de barrios predominantemente afroamericanos y una campaña Doppelgänger para crear sofisticadas réplicas de sitios web de medios de comunicación legítimos de EE. UU.
Una vieja cantinela que resulta demasiado familiar
Las tácticas incluyen, entre otras, contenido generado con IA, cuentas de redes sociales falsas y coordinadas y redirecciones en varias fases de URL para evadir las restricciones de las plataformas. Los agentes de influencia rusos también se aprovecharon de problemas domésticos de EE. UU. como el huracán Helene para sembrar la discordia, afirmando que la ayuda a Ucrania estaba desplazando la que debía destinarse a paliar las consecuencias de la catástrofe. Estos intentos dependían mucho de tácticas de «inundación» para introducir a calzador en el espacio informativo narrativas específicas, como oscuras teorías de la conspiración por parte de Estados y, al mismo tiempo, socavar la confianza pública en las instituciones democráticas y los candidatos de EE. UU.
La interferencia rusa en las elecciones presidenciales de EE. UU. de 2024 sigue un patrón que ya se ha observado en comicios al Parlamento Europeo y votaciones en Moldavia y Georgia. En todos estos procesos electorales se han empleado tácticas similares: difamar a los candidatos, inundar el espacio informativo con falacias, explotar divisiones sociales ya existentes, orquestar un comportamiento coordinado falso en redes sociales e intentar minar la confianza en las instituciones democráticas.

Más ejemplos de desinformación pro-Kremlin que nos han escandalizado esta semana:
- En una extraña y retorcida fantasía pro-Kremlin, un sacerdote militar ruso profirió el disparate de que los «batallones neonazis y paganos» de Ucrania han llevado a cabo sacrificios humanos en la región de Kursk. Esta narrativa de desinformación rocambolesca, que surge durante el avance de Ucrania hacia la región de Kursk en agosto de 2024, pretende, una vez más, presentar la invasión rusa como una suerte de guerra divina contra una Ucrania «sin dios». El golpe de bruces con la realidad es palmario: los periodistas del Washington Post desplazados a la ciudad de Sudzha no hallaron ninguna prueba de maltrato a la ciudadanía por parte de las fuerzas ucranianas. Por el contrario, sí que existen pruebas sustanciales y documentadas de auténticos crímenes de guerra perpetrados por Rusia, entre los que figuran los ataques a infraestructuras civiles como escuelas, hospitales o iglesias, siendo algunos de los ejemplos más notorios el ataque aéreo a un hospital de maternidad en Mariúpol en marzo de 2022 o la masacre de Bucha. Este intento, el más reciente, de tildar a las fuerzas armadas ucranianas de «paganos malvados» no es más que otra variación de la narrativa obsesiva sobre la «Ucrania nazi» que el Kremlin trata machaconamente de vendernos desde 2014. Esta desinformación, que conjuga el alarmismo religioso con falsas acusaciones de atrocidades, pretende demonizar a Ucrania y desviar la atención de los crímenes de guerra documentados cometidos por Rusia.
- La maquinaria de propaganda del Kremlin escupió una nueva acusación absurda sobre Polonia. Esta vez, un conocido portavoz de ideas pro-Kremlin, Pravda-pl, afirmó que Polonia está «a punto de entrar en guerra con Rusia», tergiversando sin ningún fundamento los debates de Polonia sobre el potencial de defensa antimisiles y convirtiéndolos en predicciones de una guerra inminente a gran escala. Esta narrativa de desinformación brotó después de que Polonia y Ucrania firmaran un acuerdo de seguridad en julio de 2024 que, simplemente, permitía a la defensa antiaérea polaca interceptar misiles rusos que se dirigieran hacia territorio polaco. Aunque, efectivamente, Polonia haya reforzado su ayuda a Ucrania, ofreciendo por ejemplo aviones MiG-29, esto no tiene nada que ver con entrar en guerra. Tal narrativa de desinformación concuerda con el habitual patrón de Rusia de describir a Polonia y a otros aliados de la OTAN como agresores y, al tiempo, ignorar muy convenientemente el hecho de que fue Rusia la que inició una invasión a gran escala de Ucrania. Esta manipulación de la información también busca pintar de belicista la legítima cooperación en materia de defensa entre vecinos democráticos, así como intimidar a Polonia y a otros aliados para que no presten su ayuda a Ucrania.
- Otro «clásico» del manual anti-UE del Kremlin afirma que una «clase elitista descontrolada» arrebata desde Bruselas a los Estados miembros su soberanía e impone «valores culturales marxistas». Esta recurrente desinformación conspiratoria trata de mostrar a la UE como un monstruo antidemocrático dirigido desde las sombras por las élites. La realidad de la gobernanza de la UE es mucho más aburrida y democrática: los ciudadanos eligen directamente a sus representantes en el Parlamento Europeo, y el Consejo Europeo está integrado por dirigentes nacionales elegidos democráticamente. La propia Comisión Europea cuenta con varias capas de supervisión democrática, y el principio de subsidiariedad garantiza que la toma de decisiones se desarrolla lo más cerca posible de los ciudadanos. Esta narrativa de desinformación pro-Kremlin forma parte de su ya muy manida estrategia para tratar de tachar a la UE de antidemocrática. Tal afirmación resulta irónica, viniendo de una fuente que se dedica sistemáticamente a desautorizar procesos democráticos tanto nacionales como internacionales. Al usar cebos emocionales como «élite descontrolada» e inventar falsas tensiones entre las instituciones de la UE y la soberanía nacional, este intento de desinformación pretende sembrar desconfianza y promover la fragmentación política dentro de la Unión Europea.