El problema de Kursk
La semana pasada analizamos los mensajes estratégicos detrás de la operación ucraniana destinada a establecer una zona de seguridad en la región de Kursk, así como los efectos de haber puesto en cuestión el mito de la omnipotencia y la invencibilidad de Rusia. En el momento de redactar estas líneas, Ucrania afirma tener el control de 1 250 kilómetros cuadrados dentro del territorio ruso. Kiev busca protegerse de los ataques rusos provenientes de esa región, siguiendo una estrategia que parece reflejar la lógica de Putin, quien anteriormente había afirmado que Rusia quería crear una «zona de seguridad» cuando trató de conquistar la extensa ciudad ucraniana de Járkov y sus alrededores en mayo de este mismo año.
La diferencia es que, mientras la afirmación de Putin fue un fino velo para ocultar el hecho de que Moscú sencillamente quiere conquistar y acabar con la condición de Estado independiente de Ucrania, las autoridades ucranianas están ejerciendo su derecho a la autodefensa de acuerdo con el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas y protegiendo a su país de la guerra de agresión iniciada por Rusia. Los ataques ucranianos contra aeródromos militares y puntos logísticos ubicados en territorio ruso también son actos de defensa, a pesar de las febriles afirmaciones de Moscú que los califican de «terrorismo ucraniano».
Kursk: mensajes contradictorios
A lo largo de esta semana, hemos seguido observando cómo aparecían en el ecosistema pro-Kremlin una serie de mensajes contradictorios, por no decir confusos, que intentaban explicar lo que estaba ocurriendo. La semana pasada estuvo marcada por la sorpresa, el asombro y la incredulidad. Desde entonces, la maquinaria del Kremlin se ha movilizado para apaciguar el pánico.
Como resultado, ahora coexisten las siguientes narrativas principales:
- Es una amenaza existencial. El avance ucraniano es un vil plan de EE. UU., Occidente, la OTAN y otros. Se trata de una grave amenaza para la misma existencia de la Federación Rusa y, por lo tanto, justificaría una respuesta nuclear según la doctrina y estrategia nucleares actuales de Rusia.
- Se avecina una catástrofe nuclear que afectará a la población civil. Acompañando al discurso sobre la amenaza existencial, ha ganado fuerza una campaña que sugiere que el objetivo ucraniano era atacar la central nuclear de Kursk y provocar una catástrofe nuclear devastadora para la población civil. Esta táctica de infundir miedo con la amenaza de otra catástrofe como la de Chernóbil se ha convertido en todo un clásico del Kremlin, junto con las frecuentes acusaciones infundadas por parte de Moscú contra Ucrania por sus supuestos planes de atacar la central nuclear ubicada cerca de Zaporiyia, actualmente ocupada por las fuerzas rusas.
- No hay nada de lo que preocuparse. La operación ucraniana está condenada al fracaso. Se trata de un intento desorganizado y desesperado por levantar la baja moral que ahora mismo existe entre los «neonazis» (la jerga que utiliza el Kremlin para referirse a los soldados ucranianos). A esto se le suma la afirmación de que Zelenski únicamente busca desviar la atención de los supuestos problemas políticos a los que se enfrenta. Moscú sigue tratando de difundir la narrativa de que Zelenski no es un presidente legítimo. Además, otra afirmación sugiere que Occidente ya ha perdido la fe en Zelenski y está preparando un cambio de líderes en Kiev. Evidentemente, el objetivo de este discurso es minar el apoyo público al esfuerzo bélico en Ucrania.
Dime a qué audiencia te diriges y te diré qué decir
Existe una contradicción evidente entre el mensaje que sostiene que Rusia se enfrenta a una amenaza existencial y la afirmación de que esta situación «no tiene importancia alguna».
No hay nada de lo que preocuparse. Todo está bajo control…
Las principales cadenas de televisión estatales rusas desempeñan primordialmente una función: ayudar a que el régimen de Putin se consolide y a que la sociedad quede bajo control. Se han encargado de difundir mensajes que sugieren que la situación no tiene importancia alguna y, además, muestran una y otra vez imágenes del mismo equipamiento ucraniano quemado, así como de pequeños grupos de soldados ucranianos que supuestamente han sido capturados.
Es una repetición casi idéntica del discurso de «¡Mirad! El enemigo está perdiendo» utilizado para calmar a la opinión pública rusa tras la humillante retirada de las fuerzas rusas de los alrededores de Kiev durante la primavera de 2022 y, posteriormente, de las regiones del sur de Jersón y la región oriental de Járkov en otoño de ese mismo año.
Paralelamente, los medios estatales rusos han destacado la reciente visita de Putin a Azerbaiyán con el objetivo de proyectar una sensación de normalidad. Aunque la visita de Putin a Bakú se hubiera planeado antes de la operación en la región de Kursk, es evidente que su intención es desviar la atención de esta situación incómoda que les ha tomado por sorpresa.
…¡pero hay que movilizarse!
Simultáneamente, circulan una serie de mensajes catastrofistas sobre Rusia con el aparente objetivo de generar miedo e incitar a otras comunidades del país a pasar a la acción. El popular presentador de televisión, radio y pódcast, Vladimir Solovyov, combina estos mensajes de descontento y duras críticas, con elogios a las autoridades rusas.
De forma similar, la semana pasada, el destacado director de cine y nacionalista radical proguerra Karén Shajnazárov señaló que las autoridades rusas deberían considerar la posibilidad de que el país pierda el conflicto militar con Ucrania. Estas declaraciones las hizo en el programa de Vladimir Solovyov, que se emite en el principal canal de televisión ruso, Rossiya 1, donde también criticó a las élites por una falta de automovilización y a las autoridades militares por su deficiente desempeño en la región de Kursk.
Los blogueros militares
Al coro de mensajeros se unieron también los blogueros militares, a menudo denominados «guerreros de sillón» por sus críticas a los mandos intermedios, las cuales, aunque generalmente sean leves, en ocasiones pueden llegar a ser muy contundentes. En su mayoría, estas críticas se toleran como un mecanismo de retroalimentación y una válvula de escape en un sistema militar ruso donde la información fiable y basada en hechos brilla por su ausencia. Las autoridades rusas solo han sancionado a unos pocos blogueros, mientras que los opositores políticos moderados son difamados, encarcelados o enviados a campos de trabajo.
Una opinión pública confundida
El problema de enviar mensajes contradictorios es que la mayoría de la información y el contenido se entrecruzan entre la televisión estatal, la blogosfera y las redes sociales. Es difícil difundir narrativas independientes cuando estas resultan contradictorias entre sí, por lo que este batiburrillo de información puede terminar confundiendo a la opinión pública. La incapacidad para presentar una historia coherente revela la existencia de fisuras e inquietudes en la maquinaria de desinformación del Kremlin.
La guerra de Occidente contra Rusia
El avance en la región de Kursk ha reforzado la ya clásica narrativa del Kremlin de que Occidente ha iniciado una guerra contra Rusia. Ahora, las declaraciones con airadas acusaciones de que Occidente fue el verdadero instigador y responsable de la operación en Kursk se han vuelto constantes.
Los medios estatales rusos o pro-Kremlin han aprovechado cualquier oportunidad para subrayar que detrás del ataque se encuentran planes, armas, municiones o equipamiento de Occidente, como parte del empeño continuo de Moscú por socavar el apoyo de las sociedades y gobiernos occidentales con respecto a la entrega de armas a Kiev. A todo ello se le suma la retórica de Moscú que afirma excluir cualquier posibilidad de negociación con Kiev tras el avance en la región de Kursk; es decir, fingiendo haber estado, antes de todo esto, realmente interesados en la paz.

También bajo nuestro radar de desinformación esta semana
- Los valores tradicionales rusos previenen enfermedades como la viruela del mono. Mientras que, desde el punto de vista del Kremlin, Occidente representa todo lo malo, siniestro y moralmente decadente, los valores tradicionales rusos se presentan, al parecer, como un antídoto eficaz contra las enfermedades infecciosas. Esta semana, surgieron afirmaciones de esta índole en relación con la viruela del mono, mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) la declaraba una nueva emergencia sanitaria mundial. Esto ha llevado a la médico jefe de sanidad rusa y directora del Servicio Federal de Supervisión de la Protección y el Bienestar del Consumidor, Anna Popova, a afirmar que Rusia, gracias a sus valores tradicionales, no está amenazada por la viruela del mono. Según ella, la enfermedad se propaga por contacto estrecho y los valores tradicionales rusos son la clave para prevenirla; una afirmación que recuerda a las que se hicieron al inicio de la pandemia de la covid-19 (véanse nuestros informes especiales). La OMS ofrece esta información al respecto: cualquiera puede contraer la viruela del mono por contacto con personas infectadas (al tocarlas, besarlas o mantener relaciones sexuales), con animales infectados (al cazarlos, despellejarlos o cocinarlos) o con materiales contaminados (como ropa de vestir o de cama o agujas). Las mujeres embarazadas pueden trasmitir el virus al feto.
- Moldavia avanza hacia su autoaniquilación en la guerra contra Rusia. No, lo que Moldavia está haciendo es avanzar hacia una relación más estrecha y de beneficio mutuo con la UE. Aun así, podemos valorar tales afirmaciones con escepticismo, puesto que es Moscú el que está intentando socavar la estabilidad en Moldavia justo antes de las elecciones presidenciales y el referéndum sobre la adhesión a la UE que se celebrarán el 20 de octubre de 2024. Vea aquí nuestro detallado artículo al respecto.
- Occidente quiere arrastrar a Bielorrusia al conflicto con el objetivo de usar armas tácticas nucleares. Otra afirmación completamente falsa y errónea en multitud de aspectos. En primer lugar: ¿quién quiere arrastrar a Bielorrusia a la guerra de Rusia contra Ucrania? Una hipótesis muy plausible sería Moscú, dado que (a) ya utiliza ampliamente la infraestructura logística, el espacio aéreo y el territorio de Bielorrusia para sus operaciones ofensivas y (b) necesita soldados para sus ataques de infantería, denominados por los blogueros militares rusos como una «trituradora de carne». Sin embargo, existen dudas sobre si los oficiales y soldados bielorrusos estarían dispuestos a sacrificar sus vidas por las ambiciones imperialistas de Putin. La búsqueda de «voluntarios» por parte de Moscú parece ser la verdadera razón de la visita de Putin esta semana a los territorios federales del Cáucaso Norte, especialmente a la república de Chechenia, donde el líder local, Ramzán Kadírov, se jacta de haber formado nuevos batallones de combatientes. En segundo lugar: ¿quién habla constantemente sobre armas nucleares? Exacto, únicamente Moscú. Nadie de la UE, ni de la OTAN, ni de otros estados responsables.
No se deje engañar.