Un futuro glorioso
En Georgia, el Parlamento ha aprobado la polémica ley de «agentes extranjeros», lo que ha desencadenado manifestaciones generalizadas en las calles de Tiflis. Las protestas fueron sofocadas con una brutalidad policial injustificada que ha sido condenada por la UE. La respuesta del Kremlin fue tan predecible como siempre: acusar a Occidente de incitar a los disturbios y denunciar sin ninguna prueba la existencia de «dobles raseros». No se deje engañar por estas mentiras. Infórmese mejor sobre la actual campaña de desinformación pro-Kremlin desplegada en Georgia aquí.
Mientras tanto, una nueva era ha comenzado en la tierra del Kremlin, con la promesa de un futuro próspero para todo aquel que jure lealtad a su glorioso líder. Es cierto que la Gran Guerra Patria sigue haciendo estragos para «desnazificar» Ucrania y que las agresivas tropas de la OTAN están intentando rodear la fortaleza que es Rusia, pero la economía está floreciendo y Occidente se derrumba tan rápido que los jueces de Polonia están huyendo a Bielorrusia para denunciar la lamentable situación que atraviesa su país. Este relato puede parecer salido de una realidad paralela, pero es el que han estado pregonando esta semana los portavoces de la desinformación del Kremlin. Veamos qué esconde.
Soplan nuevos (viejos) vientos
Las elecciones y el subsiguiente cambio de gobierno que estas pueden conllevar pueden influir de forma decisiva en el curso político de cualquier país. En Rusia, evidentemente no es así: las elecciones traen más de lo mismo y el cambio de Gobierno es un misterioso juego de la silla. A pesar de eso, dichos momentos le siguen resultando cruciales al Kremlin para preparar el escenario para su espectáculo de desinformación. Brindan al régimen la oportunidad de legitimarse ante las mismas personas a las que pretende engañar. En las últimas semanas ha habido dos acontecimientos que han servido exactamente para eso: la ceremonia de toma de posesión de Putin y el desfile del 9 de mayo.
Por supuesto, los discursos pronunciados en sendos eventos estuvieron cargados de neolenguaje y revisionismo histórico. Puede consultar nuestros análisis al respecto aquí, aquí y aquí. Pero veamos cómo el sonido de las mentiras de Putin retumba en el ecosistema de desinformación pro-Kremlin y con qué fin.
Larga vida al rey
La ceremonia de investidura transmitió un mensaje singular. La estabilidad, prosperidad y dignidad del pueblo ruso solo son posibles bajo el reinado de Putin. Y como afectuoso y benevolente padre de la nación que es, Putin tiene la visión de convertir el país en un verdadero jardín del Edén para 2030. Además, por si necesitase más tiempo, también ha elaborado un plan con un horizonte temporal hasta el año 2036. Aunque estas historias hablen de un futuro brillante y próspero para Rusia, lo cierto es que también consolidan la idea de que Putin es un elemento fijo e irreemplazable de la vida diaria de Rusia. Él es el único que puede proteger a Rusia de la inminente amenaza de la OTAN.
Para reforzar la imagen de Putin como líder sabio y benevolente, los medios pro-Kremlin han procurado amplificar su supuesta apertura a dialogar con Occidente en aras de evitar la «escalada de la agresión». Es la clásica táctica de manipulación de información que consiste en invertir los papeles: se describe a Rusia como benevolente y amante de la paz, poniendo básicamente la narrativa de la paz al servicio de la guerra.
Buscando amigos en lugares lejanos
El 9 de mayo, además de los habituales ataques a Occidente, el revisionismo histórico y las fanfarronadas sobre la misión divina de Rusia de liberar al mundo de los malvados nazis, los propagadores de la desinformación pro-Kremlin también se esforzaron por proyectar a Rusia como un país rodeado de amigos y aliados de cerca y de lejos. Lo hicieron sobre todo cuando presumieron de los vínculos supuestamente estrechos que el Kremlin mantiene con África y Latinoamérica, o cuando le recordaron al mundo la «esfera de influencia» que han establecido en Asia Central, mientras restaban importancia a sus crecientes desavenencias con Armenia. No se andan con rodeos. El Kremlin quiere hacer creer al mundo que Rusia quiere establecer un orden mundial democrático.
Malditos seáis, tanto si venís como si no
Para acentuar la primorosa visión de una Rusia amistosa y acogedora, varios medios pro-Kremlin también se centraron en los asientos vacíos que dejaron las «naciones hostiles». Curiosamente, parece que estos «países hostiles» (la expresión del Kremlin para referirse a cualquiera que apoye a Ucrania) se encuentran entre la espada y la pared. En opinión del Kremlin, si asisten a estos espectáculos propagandísticos en Moscú, dejarían al descubierto la fachada en ruinas de Occidente. Y si no lo hacen es porque no son diplomáticos ni tienen interés en la paz. El Kremlin es el único que habla en términos tan absolutos, aunque es cierto que la mayoría de estas «naciones hostiles» preferiría que le arrancaran los dientes sin anestesia que asistir al circo propagandístico del Kremlin.
Muchos rublos para todos
Para reforzar la visión del futuro glorioso que aguarda a Rusia justo a la vuelta de la esquina, el ecosistema de desinformación pro-Kremlin se centró desmesuradamente en la salud percibida de la economía rusa, que vinculó de forma implícita con Putin y su prudente reinado. Hay que admitir que la economía rusa está excediendo las expectativas, al menos a corto plazo, lo que ha llevado al Kremlin a difundir la narrativa de que el país está cosechando beneficios récord por el petróleo y el gas y a insinuar lo que eso podría significar para el pueblo ruso.
Mientras tanto, los medios usan los nombramientos del Gobierno ruso para afirmar que Putin ha visto las penurias que vive su pueblo y está cambiando a un nuevo modelo económico para desarrollar y robustecer la economía del país. Pues bien, es posible que se implante un nuevo modelo, pero aún está por ver si traerá consigo el prometido paraíso terrenal o si se usará para seguir militarizando el país para poder mantener un conflicto que no tiene visos de acabar.
En busca de Judas
Por último, al Kremlin le gusta aprovechar cualquier oportunidad que se le presenta para intentar desacreditar a Occidente gritando a pleno pulmón: «Te lo dijimos». Una de estas lamentables oportunidades se produjo cuando un antiguo juez de Polonia caído en desgracia, Tomasz Szmydt, huyó a la vecina Bielorrusia para solicitar «asilo político». Como era de esperar, los medios pro-Kremlin, sobre todo los presentes en Bielorrusia, estuvieron encantados de amplificar las mentiras pro-Kremlin repetidas como un loro por Szmydt sobre los supuestos intentos de EE. UU. de incitar a Polonia a una guerra con Bielorrusia y Rusia, los crímenes de guerra cometidos por Ucrania contra civiles y las trabas a la paz que pone Occidente.
No es necesario decir que no es la primera vez que el Kremlin coopta otras opiniones, bienintencionadas o equivocadas, para dar a sus narrativas de desinformación una «credibilidad al estilo occidental». Conseguir que gente como Scott Ritter, Seymour Hersh o John Mearsheimer se hagan eco de la desinformación pro-Kremlin permite al Kremlin dar la impresión de «haber descorrido el telón» y «revelado la verdad». No obstante, en última instancia se limitan a rezar para que la gente se crea cada vez más las teorías conspirativas. No se deje engañar.

Otros casos detectados en el radar de EUvsDisinfo:
- Para el Kremlin, las elecciones no son la expresión democrática de la voluntad del pueblo, sino campos de batalla para la manipulación de información. Como las próximas elecciones europeas no son una excepción, los medios pro-Kremlin se han propuesto debilitar los procesos democráticos y contaminar el discurso público con desinformación sin fundamento, como la falsa afirmación de que la UE ha introducido la censura en vísperas de las elecciones al Parlamento Europeo. Estas afirmaciones se difundieron después de que el Parlamento Europeo decidiera limitar el alcance de la influencia rusa de cara a las elecciones y tenían el objetivo de crear la percepción de que la UE exagera la injerencia rusa por motivos políticos. Combatir la desinformación rusa no equivale a atacar la libertad de expresión. Según la Clasificación Mundial anual de la Libertad de Prensa, los países de la UE son los mejor valorados en cuanto a libertad de expresión y respeto del periodismo independiente.
- La obsesión del Kremlin con Satán, bien conocida por todos, resurge con regularidad en el ecosistema de desinformación pro-Kremlin, como si se tratase de sobras recalentadas del día anterior. Ha llegado de nuevo el momento en que Rusia proclama que su operación militar especial se lanzó para luchar contra las fuerzas del anticristo que gobiernan Ucrania porque solo Rusia puede retrasar una caída global en el satanismo. Estas ridículas declaraciones constituyen un intento obvio de denigrar a Ucrania para desviar la atención de la agresión rusa y presentar a Rusia como la divina defensora de los «valores tradicionales».
- Otra narrativa de desinformación pro-Kremlin que se renueva periódicamente es la de que el mercado negro está inundado de armas occidentales con destino a Ucrania. Curiosamente, estas acusaciones tienden a aflorar cada vez que los países occidentales manifiestan su férreo compromiso con Ucrania. De hecho, esta narrativa es parte de una campaña de desinformación más amplia dirigida contra el envío de armas a Ucrania y suele adaptarse a la actualidad de cada momento, como lo hizo con las guerras territoriales entre grupos criminales en Escandinavia o los disturbios en Francia. Sobra decir que nunca se ha ofrecido prueba alguna que respalde estas afirmaciones. Todo lo contrario, numerosos Gobiernos occidentales han introducido procedimientos de supervisión de las transferencias de armas y los responsables de la supervisión en el lado ucraniano también trabajan para evitar los desvíos ilegales de armas que perjudicarían los envíos futuros de ayuda militar.