La rabia y el plan de MoscĂș para Moldavia
Como ya hemos documentado en anteriores artículos y casos de nuestra base de datos, Moscú sigue tratando de crear conflictos para hacer descarrilar la trayectoria europea de Moldavia.
La mayoría de la cobertura mediática por parte de los medios pro-Kremlin se centró en el referéndum en Moldavia sobre la reforma constitucional para reflejar sus aspiraciones europeas. Las narrativas más predominantes sostenían que la administración de la presidenta Sandu había perpetrado un fraude electoral generalizado para inclinar la votación a su favor. Al mismo tiempo, los medios de desinformación también dirigieron su atención hacia las elecciones presidenciales, acusando al Gobierno de intentar acabar con la oposición y los medios de comunicación afines.
Todo ello forma parte de las habituales mentiras de Moscú, que han sido empleadas en numerosas elecciones, tanto en la UE como en otros países críticos con las políticas de Rusia. Véase, por ejemplo, nuestra serie de artículos sobre la cobertura por parte de Moscú de las elecciones al Parlamento Europeo. Estas afirmaciones buscan difundir dos narrativas principales: «las élites vs. el pueblo» y la «pérdida de soberanía». Un ejemplo esclarecedor es el de la versión de RT en alemán, que afirma que las elecciones de la semana pasada fueron un «gradual golpe de Estado encubierto hacia un régimen unipartidista».
Las afirmaciones del Kremlin se han difundido a través de sus plataformas en distintos idiomas con el objetivo de llegar a un público global y desprestigiar tanto a Sandu como a la UE.
Uno podría preguntarse lo siguiente: si, supuestamente, las elecciones fueron manipuladas, ¿cómo es posible que el referéndum y los comicios presidenciales no tuvieran los resultados esperados por la presidenta Sandu y su Gobierno? Ya sabemos cómo funcionan las cosas en Rusia, donde la mayoría de los resultados electorales muestran más de un 80 % de apoyo al régimen.
Sus acusaciones contrastan con los resultados y conclusiones preliminares de la Misión Internacional de Observación de Elecciones de la OSCE, que concluyó que ambas votaciones estuvieron bien gestionadas y destacó que «los candidatos hicieron campaña libremente en un ambiente marcado por la preocupación acerca de la injerencia extranjera ilícita y activas campañas de desinformación». La última frase es una clara referencia a la injerencia de Rusia y sus agentes de desinformación.
La portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, Maria Zajárova, afirmó que las elecciones presidenciales habían sido llevadas a cabo por las autoridades moldavas «empleando métodos antidemocráticos y totalitarios». Además, negó las acusaciones de que Rusia hubiera injerido en los asuntos de Moldavia e intentado influir en las elecciones. Defendió sus argumentos con tal determinación que todo sugiere que intentaba ocultar la evidente injerencia de Moscú.
Por regla general, le recomendamos que nunca se crea nada hasta que Moscú lo haya negado.
Escalfando motores para el 3 de noviembre, fecha en la que se celebrará la segunda vuelta de las elecciones en Moldavia
Moscú se siente frustrada porque, tras años presionando, no ha conseguido hacerse con el dominio de Moldavia; aun así, la campaña de desinformación no se detiene. El Kremlin utiliza a Moldavia como banco de pruebas de todo tipo de técnicas de manipulación modernas. Se ha intentado todo: presión mediante medidas económicas, especialmente cortes de energía; un intento de golpe de Estado en 2023; y la difusión masiva de contenido falso (véase nuestra base de datos), incluidos vídeos generados por inteligencia artificial suplantando la identidad de Sandu. Además, los agentes del Kremlin han orquestado manifestaciones y disturbios falsos, mientras que oligarcas como Ilan Șor, refugiado en Moscú, están acusados de comprar votos a gran escala.
Todo apunta a que Moscú quiere intensificar su injerencia y sus ataques contra Sandu en las próximas semanas, con vistas a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales moldavas que se celebrará el 3 de noviembre.
Volviendo a Ucrania: ¿quién posee la narrativa de paz?
El discurso del Kremlin sobre la supuesta paz y el futuro de Ucrania constituye otro claro ejemplo de su vil manipulación del espacio informativo para dominarlo o apropiarse de él. La clave para entender la engañosa jerga del Kremlin es recordar lo que dijeron con anterioridad y analizar el modo en que Moscú intenta desviar la atención hacia otros temas.
Esta semana, el Embajador de Rusia ante las Naciones Unidas, Vasili Nebenzia, se pronunció sobre la adhesión de Ucrania a la OTAN: «La adhesión de Ucrania a la OTAN en cualquier disposición territorial es absolutamente inaceptable para Rusia y no puede ser parte de ningún plan de paz ni iniciativa de mediación». Su propósito es otorgar a Rusia un derecho a priori para definir lo que puede y lo que no puede ser objeto de debate.
Esta manipulación del espacio informativo fragmentada según el gusto del Kremlin es otra de sus tácticas habituales, como ya sucede en relación con las regiones ucranianas ocupadas por Rusia, como Crimea, Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia. En ellas presentan de forma engañosa su versión de la realidad mediante narrativas como esta: «Es un tema cerrado. Son regiones que forman parte de la Federación Rusa». La versión azucarada, dirigida también a otros países, sostiene: «Todo el mundo debería aceptar los hechos que suceden sobre el terreno». ¿Quién no quiere estar en contacto con los hechos que suceden realmente? ¿Quién quiere vivir con la cabeza en las nubes?
Nótese el enfoque cuidadosamente selectivo de Moscú. Los líderes rusos a menudo afirman en sus discursos grandilocuentes que «cada país es libre de escoger» y que «Rusia no injiere». Basta con analizar fríamente sus tácticas de desinformación para descubrir la verdadera realidad: Moscú está decidida a controlar no solo a sus países vecinos, sino también a naciones mucho más lejanas.

Intentos de desviar la atención detectados por nuestro radar de desinformación
Alerta de spoiler: no es verdad. Ahora bien, los principales canales de televisión estatales rusos y sus plataformas en las redes sociales tienen amplia experiencia en difundir bulos incendiarios sobre asesinatos, quemas, crucifixiones o dramáticos relatos sensacionalistas. Esta historia en cuestión tiene lugar en Odesa, una gran ciudad portuaria ucraniana a orillas del Mar Negro, que destaca por sus exportaciones de cereales a nivel mundial. En ella, se acusa a la policía ucraniana de ser responsable de la muerte de una joven cuya única intención era ondear una bandera rusa. La historia fue presentada el domingo por la noche en horario de máxima audiencia por el dúo estrella del Kremlin: el propagandista Vladimir Solovyov y Margarita Simonyan, la redactora jefa de RT. Solovyov cuenta con una audiencia de varios millones de seguidores y telespectadores, a la que se suma la de RT (Russia Today), que opera en más de 25 idiomas.
Sin embargo, había un pequeño problema: la mujer no murió. Se encuentra bajo arresto domiciliario por un delito menor de vandalismo y tiene antecedentes policiales por robo, otros actos de vandalismo y consumo de alcohol en público. La historia se desmoronó después de su emisión, como tantas otras veces. Pero el daño ya estaba hecho; un perfecto ejemplo de la táctica de echar mentiras a mansalva y esperar que algunas sean creídas. Incluso cuando la credibilidad se ve seriamente cuestionada, la propaganda consigue dejar un rastro de duda. Este sesgo cognitivo en la mente de las personas fue denominado «efecto del durmiente» por el pionero de la sociología Carl Hovland.
¿Por qué se trata de una estrategia para desviar la atención? Porque Odesa acababa de ser nuevamente blanco de intensos bombardeos con misiles rusos durante varios días, que provocaron numerosas víctimas civiles y daños a buques mercantes. Sin embargo, estos ataques no han recibido demasiada atención pública. Según informes de las autoridades ucranianas, los ataques sistemáticos rusos han causado pérdidas por valor de 1 500 millones de dólares en equipos destruidos y productos almacenados en Odesa para su envío, incluidos cereales y tanques de aceite de girasol. A pesar de ello, las remesas no se han detenido.
Otra importante cadena de televisión estatal rusa, Piervy Kanal (Canal 1), desató otra tormenta de desinformación con una narrativa completamente descabellada sobre el huracán Milton en la zona del Caribe. De nuevo, alerta de spoiler: estamos ante otra mentira.
Esta teoría conspirativa sostiene que el huracán Milton fue provocado por los impulsos eléctricos, dirigidos hacia la magnetosfera, de las potentes antenas de un centro de investigación de EE. UU. en Alaska.
Otra táctica para desviar la atención: con un montón de palabrería cuasitécnica, hacen creer a los espectadores que excéntricos científicos estadounidenses, mediante la pulverización de agentes químicos, también fueron responsables de los estragos causados este año en Brasil por las lluvias torrenciales. A pesar de que los científicos aseguren que los impulsos de las antenas son mucho menos potentes que los de una tormenta eléctrica natural, ya se ha conseguido sembrar la duda. Si Brasil no se hubiera unido a los BRICS, quizá EE. UU. no habría decidido castigar al país… Pero entonces, ¿cómo explican las inundaciones ocurridas a principios de año en regiones rusas que desataron la ira de la opinión pública contra las autoridades rusas?
Y terminamos donde empezamos, con Moldavia. En esta ocasión, varios medios de rápido crecimiento respaldados por el Estado ruso, que utilizan direcciones Pravda-(xx).com, están contribuyendo al desprestigio mundial de Maia Sandu. Un buen ejemplo de ello es el sitio pravda-es.com en español, dirigido al público hispanohablante de todo el mundo. La red Pravda actúa tanto como generadora de noticias como plataforma de contenidos exclusivos, difundiendo material traducido automáticamente a través de múltiples dominios lingüísticos, con el fin de inundar y contaminar el espacio informativo e intentar atraer la atención hacia historias relacionadas con el país. Esta historia es un clickbait de manual y pocas cosas son más perjudiciales para la reputación de un líder político que el rumor de que padece una enfermedad mental grave. Hasta el momento, no hay informes médicos creíbles que respalden esta acusación. Parece ser solo otra táctica más para desviar la atención del verdadero problema de Moscú: que un país intente seguir su propio camino.
Aléjese del fango y no se deje engañar.