Los ataques hacia Occidente ponen en peligro a los ciudadanos rusos
La desinformación del Kremlin sobre el coronavirus y las vacunas pretende sembrar desconfianza en las organizaciones internacionales, las instituciones occidentales y el sistema de salud. Sin embargo, la campaña destinada a Occidente parece haber sido contraproducente. Medios de comunicación rusos independientes avisan de que la desinformación del Kremlin ha generado una situación peligrosa para la campaña nacional de vacunación en Rusia.
Los medios de comunicación pro-Kremlin, propiedad del Estado ruso o bajo el control editorial de instituciones estatales, han sido fundamentales para difundir desinformación, tanto sobre la pandemia como sobre las vacunas. El primer caso de desinformación sobre la COVID-19 se documentó el 22 de enero de 2020 en la edición bielorrusa de Sputnik, la cadena estatal controlada por el Kremlin.
Desde entonces, EUvsDisinfo ha documentado varios tipos de desinformación sobre la pandemia, por ejemplo:
- El virus de fabricación humana
- La pandemia que no existe
- La pandemia es un plan diabólico de las élites mundiales
- La Rusia altruista frente a Europa, una unión que carece de solidaridad
- Los Estados autoritarios eficientes frente a las democracias indefensas
Y, de forma similar, la desinformación sobre la vacuna:
- La implantación secreta de chips
- Las vacunas peligrosas de Occidente
- El plan diabólico (de nuevo)
- La segura y eficaz Sputnik V
La base de datos EUvsDisinfo contiene cerca de ochocientos casos documentados sobre el coronavirus y más de doscientos sobre la vacunación. El brote de coronavirus es el principal tema individual de desinformación desde que se creó la base de datos en 2015. El objetivo es sembrar desconfianza en las instituciones occidentales. Sin embargo, aquí tenemos la típica arma de doble filo: los intentos del Kremlin de intoxicar al público occidental con desinformación parecen haber sido contraproducentes.
Confundir al público
Los medios de comunicación pro-Kremlin describen con esmero los peligrosos efectos secundarios de las vacunas occidentales, pero el resultado es que ahora el público ruso rechaza cualquier vacuna. El medio de comunicación Fontanka.ru de San Petersburgo cita al demógrafo independiente Alexei Raksha:
«Esto es resultado de la propaganda de las autoridades. Durante años, han divulgado distintas teorías conspirativas a través de las cadenas nacionales, lo cual ha pasado a formar parte de la vida de los telespectadores rusos. Dicha divulgación alcanzó su punto culminante con la propaganda anti-COVID, que desacredita las vacunas y los métodos extranjeros de combatir la pandemia. Ahora los ciudadanos están totalmente desconcertados y no saben a quién creer».
Rusia declaró en una fase temprana que la vacuna estaba lista y que Sputnik V era barata, accesible y eficaz. Las dudas relativas a la transparencia sobre el desarrollo, las pruebas y los ensayos clínicos eran desautorizadas con frecuencia tildándolas de «rusofobia». Los funcionarios rusos se limitaban a repetir temas de discusión referentes al éxito de Sputnik V y la forma eficaz en que Rusia manejaba la pandemia.
El Sr. Raksha, antiguo empleado de la agencia rusa de estadísticas, Rosstat, señala que las estadísticas oficiales relativas al impacto de la pandemia en Rusia están descaradamente manipuladas. El número oficial de muertes era, a finales de marzo de 2021, de alrededor de 96 000. Con todo, Rosstat declara un marcado aumento del exceso de mortalidad en 2020:
«Casi el 100 % del exceso de mortalidad del año pasado, tanto en Moscú como en San Petersburgo, se debió a la COVID-19 como factor directo o factor importante causante de la muerte. Las autoridades confirman este dato. Sin embargo, en el resto de Rusia, el exceso de mortalidad es 5,5 veces superior al número de muertes por COVID-19. Esta impactante discrepancia entre las cifras oficiales y la situación real repercute en la campaña de vacunación. Dado que constantemente se resta importancia a los peligros de la COVID-19, los ciudadanos se creerán las cifras oficiales de 80 000 y no las de 340 000-430 000 muertes estimadas. Pensarán “Bueno, no está ni tan mal aquí, está peor en el extranjero. ¿Por qué debería vacunarme?”».
A un ritmo lento
Rusia no publica estadísticas oficiales sobre el ritmo de vacunación. Los funcionarios rusos suelen presentar el éxito de la campaña, pero no comparten ninguna fuente que respalde sus afirmaciones. La Universidad Johns Hopkins es reconocida internacionalmente como una fuente fiable de estadísticas sobre la pandemia y hace el seguimiento mundial de la campaña de vacunación. Según los datos de finales de marzo, tan solo algo más del 2 % de la población rusa está totalmente vacunada. La media en la Unión Europea es del 3,56 %, con Dinamarca a la cabeza con el 5,59 %.
El instituto independiente de sondeos Levada publicó a principios de marzo una encuesta que indicaba que el 62 % de la población rusa no está dispuesta a vacunarse. Esta reticencia es superior en el segmento más joven de los encuestados.
El Sr. Raksha sugiere que las autoridades rusas deberían iniciar una campaña para convencer a los rusos de que se vacunen:
«Necesitamos una campaña de mercadotecnia. Putin debe vacunarse, las cadenas nacionales deben dejar de hablar mal de las vacunas extranjeras».
El Presidente de Rusia se vacunó el 23 de marzo, pero no permitió que se tomaran imágenes del procedimiento para su difusión. El servicio de prensa del Kremlin ni siquiera ha revelado qué tipo de vacuna se administró al Jefe de Estado ruso. Una cadena estatal ha anunciado que un programa televisivo dirigido por el director ganador de un Oscar Nikita Mikhalkov regresará a dicho canal. El programa de Mikhalkov fue retirado de antena tras afirmar que el virus era un plan diabólico urdido por el fundador de Microsoft, Bill Gates. Cabe esperar, por lo tanto, la reaparición de más teorías conspirativas en esta cadena nacional.
Atacar a Occidente es más importante que cuidar de la vida y la salud de los ciudadanos rusos.
