La «paz» rusa, en la práctica: la vida en Ucrania bajo la ocupación rusa

Click here to request the narration for this article

Transcurridos más de 1 000 días desde la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia, y en un momento en el que el apoyo a Ucrania desde ambos lados del Atlántico es crucial, resulta vital reflexionar sobre sus implicaciones a largo plazo, especialmente para la población ucraniana que vive en el 18 % del territorio nacional actualmente ocupado por Rusia. La ocupación rusa implica mucho más que un simple cambio de banderas y pasaportes. Esto ha sido evidente desde que Rusia invadió Ucrania por primera vez en 2014.

La ocupación representa un enorme coste humano. Esto lo constatamos durante el invierno y la primavera de 2024, cuando entrevistamos a 17 ciudadanos ucranianos de las regiones de Kiev, Járkov, Jersón y Donetsk, quienes vivieron bajo la ocupación rusa hasta que escaparon o fueron liberados por el ejército ucraniano. Tras su liberación, lugares como Bucha, Yáguidne o Izium se convirtieron en terribles símbolos de los crímenes de guerra que se cometieron allí. Un aspecto menos conocido de la experiencia de la ocupación es la violencia cognitiva ejercida por las fuerzas de ocupación rusas: la erradicación de la identidad ucraniana, el uso de propaganda y el intento de ocupar también «los corazones y las mentes», todo ello alimentado por desinformación creada deliberadamente, que puede calar fácilmente en un entorno de información caótico. La sensación de desesperanza resultante es crucial para desintegrar la resistencia, hacer que el pueblo ucraniano obedezca e, incluso, que algunos colaboren, lo que provoca que la ocupación sea más difícil de revertir con cada día que Kiev siga careciendo de los medios para liberarlos.

La información como salvavidas durante el inicio de la ocupación

Al principio de la ocupación, comunicarse con los demás y obtener información era, a la vez, sumamente importante y verdaderamente difícil. Algunas de las personas entrevistadas no se dieron cuenta de inmediato de que la ocupación había comenzado. Los hospitales, las escuelas y otras infraestructuras dejaron de funcionar casi inmediatamente después de que Rusia lanzara su invasión a gran escala, como también pasó con muchas redes de telefonía móvil. Para algunos de los entrevistados, conseguir cobertura era una tarea peligrosa que podía durar todo el día y resultaba tan importante para la supervivencia como la recolección manual de agua y alimentos. En los lugares donde sí funcionaban las redes de telefonía móvil, las interrupciones del suministro eléctrico hacían que cargar los móviles resultara muy complicado.

Por ello, las decisiones más trascendentes tomadas en los primeros días de la ocupación, como quedarse en el territorio o intentar escapar, se basaron frecuentemente en información fragmentada y reacciones instintivas. Un entrevistado de un suburbio de Kiev recordaba lo difícil que fue decidir si evacuar en medio de un entorno de información caótico. Mientras sus vecinos les instaban a escapar, advirtiéndoles de que los soldados rusos ya habían entrado en sus casas, sus amigos con contactos en las altas esferas de la administración ucraniana les desaconsejaban huir en ese momento.

En los territorios en los que persistió la ocupación, las redes de telefonía móvil ucranianas acabaron cerrándose. Un entrevistado de Jersón recordaba haber cruzado toda la ciudad en coche para ver si sus familiares seguían vivos. Después de un tiempo, las tarjetas SIM rusas se convirtieron en la única forma de conectarse con el mundo exterior… y también la de recibir información. En algunos lugares, como Jersón, solo era posible obtenerlas si proporcionabas los datos de tu pasaporte a las fuerzas de ocupación. Una vez que la tenías, la única forma de recibir información de fuentes ucranianas era a través de una conexión VPN.

Desesperanza como parte de la ocupación a nivel cognitivo

La omnipresencia de la información errónea y la desinformación exacerbó la sensación de miedo y desesperanza entre la población. Como nos indicó un entrevistado que vivió el sitio de Mariúpol: «La gente pensó que el mundo se había olvidado de ellos». Esta desesperanza podría conducir a una parálisis de la sociedad y así acabar con cualquier forma de resistencia. En la región de Járkov, uno de los entrevistados recordó que no siguieron a un familiar que les instaba a huir y unirse a ellos en Járkov porque estaban convencidos de que «Járkov ya no existía». Los rumores se extendían, alimentados tanto por la falta de información fiable como por las falsas narrativas difundidas por las fuerzas rusas.

Esto resulta especialmente perjudicial, ya que muchas de las personas entrevistadas subrayaron que su principal estrategia para afrontar la situación era mantener la esperanza de que la ocupación llegaría a su fin, «aunque solo fuera una pequeña luz al final del túnel». Ante la falsa información sobre el estado de la guerra, esta estrategia de supervivencia se vuelve insostenible.

La ocupación cognitiva es otra cara de la moneda de las prácticas sistemáticas de opresión violenta. La violencia física ha sido y sigue siendo una de las principales herramientas de Rusia para aterrorizar a la ciudadanía. Las fuerzas de ocupación secuestraron, torturaron y mataron sistemáticamente a activistas y veteranos de guerra proucranianos, así como a cualquiera que fuera sospechoso de participar en actividades de resistencia. Para descubrir el paradero de sus objetivos, utilizaban listas preparadas, archivos municipales y los testimonios de colaboracionistas. Un veterano de guerra de la región de Jersón nos contó cómo fueron golpeados y electrocutados con un dispositivo de tortura que se acoplaba a las orejas. Los problemas de espalda y la hipertensión que todavía padecen no son más que amargos recordatorios de cómo es vivir bajo el dominio ruso y de qué les espera a quienes son considerados como una amenaza para su narrativa por parte de las fuerzas de ocupación. El hecho de que fueran conocidos suyos quienes les habían delatado a las fuerzas de ocupación fue difícil de superar: «Lo más complicado es cuando personas que conoces de toda la vida deciden apoyar el “mundo ruso” y traicionarte».

Ocupar los corazones y las mentes y erradicar la identidad ucraniana

Allí donde persistió la ocupación, Rusia consolidó su control administrativo y económico e intensificó sus intentos de «rusificar» a la población local mediante incentivos materiales y adoctrinamiento. La forma más directa de esta «rusificación» fue la presión ejercida por las fuerzas de ocupación sobre la población ucraniana para que aceptaran un pasaporte ruso, ya que sin él era casi imposible acceder a servicios esenciales como la sanidad y las prestaciones sociales.

Es decir, las fuerzas de ocupación adoptaron la estrategia del palo y la zanahoria. Ante la escasez de alimentos, instrumentalizaron la ayuda humanitaria como forma de recompensar a la ciudadanía por su obediencia. Otras medidas incluían la venta de alcohol ruso barato en envases de aspecto sospechoso, como por ejemplo en Jersón, así como un incremento drástico de las pensiones y la organización de viajes turísticos subvencionados para influir en los ancianos. Según nuestros entrevistados, esta última medida fue bastante efectiva.

Rusia perseguía y sigue persiguiendo su objetivo de erradicar el sentimiento de identidad nacional de la población ucraniana y alterar permanentemente la realidad demográfica en las zonas ocupadas. Mediante libros o guías («metodichky»), carteles de estilo soviético y campañas con altavoces, los soldados rusos difunden propaganda en la que afirman: «hemos venido a salvaros»; a la vez que prometen un nuevo mundo ruso. Los colegios de las zonas ocupadas, muchos de los cuales cerraron al principio, se convirtieron más tarde en campos de batalla para el adoctrinamiento, donde los planes de estudio rusos han sustituido a la educación ucraniana. A menudo, el nuevo régimen intimidaba a los profesores para que cooperaran o los sustituía por personas no cualificadas. Los lugares de trabajo también experimentaron cambios drásticos: uno de los entrevistados nos contó que escondían las banderas ucranianas de las fuerzas de ocupación, «como los partisanos en la Segunda Guerra Mundial». Hubo personas que colaboraron con el régimen ruso: algunos por desesperación, otros por convicción. Otras buscaban conseguir ascensos: «Hubo gente que se dedicaba a vender manzanas en el mercado que, de repente, pasó a trabajar en altos cargos de la administración». Y otras personas sintieron que, con el tiempo, tendrían que adaptarse al régimen en el poder.

Erradicar la identidad ucraniana

Así es como las fuerzas de ocupación rusas han llevado a cabo con éxito su política de convertir la ocupación en una situación permanente a nivel cultural, económico y político. Cuanto más tiempo se permita que exista la ocupación, mayor será la integración de estos territorios en Rusia y más difícil será revertirla. Lo mismo podría decirse de sus efectos en la sociedad, si bien no es así en todos los casos. Lo más fácil es suponer que quienes permanecen hoy en las zonas ocupadas son ideológicamente afines al Kremlin. Al fin y al cabo, muchas personas han escapado. No obstante, como han señalado nuestros entrevistados, la decisión de huir es mucho más compleja y depende de una gran variedad de factores, como los vínculos y relaciones sociales, el coste económico (a menudo muy elevado) y, en ciertos casos, la falta de conocimiento e información sobre cómo escapar. Para quienes permanecen allí, la desocupación sería la única forma de volver a vivir bajo la administración ucraniana, como ciudadanos ucranianos.

La lucha contra la ocupación a nivel cognitivo depende, por lo tanto, de la esperanza de conseguir la desocupación y volver a formar parte de Ucrania. Así pues, los debates políticos sobre los planes de paz tienen que ir de la mano de conversaciones sobre la realidad de la ocupación rusa y sus consecuencias para el pueblo ucraniano. Cualquier propuesta o presión sobre Ucrania para congelar la guerra en el frente actual debe abordar el coste humano de tales «resoluciones». Lo que podría parecer la solución más fácil o el único compromiso factible a nivel político resulta una tragedia personal para quienes sufrieron la ocupación, para quienes sus familias han sido destruidas y para quienes han sido testigos de crímenes de guerra que nunca saldrán a la luz. Como nos señaló una de las personas entrevistadas: «Fue muy difícil vivir toda esta situación. No se lo deseo a nadie».

Este artículo está basado en los hallazgos publicados en el informe titulado «Vinieron a “liberarnos” y nos dejaron sin nada», elaborado como parte del proyecto «La consolidación de los regímenes de facto: una comparación de casos postsoviéticos», financiado por VW Stiftung.

Cláusula de exención de responsabilidad

Cláusula de exención de responsabilidad

Los casos de la base de datos de EUvsDisinfo se centran en mensajes del espacio informativo internacional que ofrecen una representación parcial, distorsionada o falsa de la realidad y que difunden mensajes pro-Kremlin claves. Sin embargo, esto no implica necesariamente que un determinado medio esté vinculado al Kremlin o que su línea editorial sea pro-Kremlin, ni que haya pretendido desinformar de forma intencionada. Las publicaciones de EUvsDisinfo no representan la postura oficial de la UE, puesto que la información y las opiniones expresadas se basan en los informes y análisis de los medios de comunicación del Grupo de Trabajo East StratCom.

    %s

      COMPARTA SUS COMENTARIOS CON NOSOTROS

      Información sobre protección de datos *

        Subscribe to the Disinfo Review

        Your weekly update on pro-Kremlin disinformation

        Data Protection Information *

        The Disinformation Review is sent through Mailchimp.com. See Mailchimp’s privacy policy and find out more on how EEAS protects your personal data.

        🎵 Playlist